DE DEMOCRACIA A DEMOCRADURA

La sola palabra comunismo aterra, hay gente que saca hasta la cruz para exorcizar la palabra mentada. No obstante, el comunismo es una praxis muy antigua y nunca fue concebido como una forma de gobierno por ser lo que es, una praxis.

El mismo es un acuerdo común para resolver una situación determinada. Tal acuerdo está necesitado de un problema a resolver y no es propiedad de ninguna sociedad. Lo que se comparte es el problema y el acuerdo, ambos deben ser uno solo a la vez. Así es como se participa de esa comunidad, los reunidos aspiran a un solo acuerdo. Ya que cada uno por separado es débil para llegar a resolver el problema, mientras que colaborando cada uno con el otro, en un solo plan y concordando realmente, se alcanza a solventar el problema común. Esto es el comunismo, un hecho práctico. Tomemos como ejemplo el condominio de un edificio residencial. No pasa de ahí.

Fue en el siglo XX donde el mismo se convirtió supuestamente en una forma de gobierno, el modelo soviético. Hemos apreciado que, por una parte, es una farsa, y por otra, un total fracaso. Hay que desechar al comunismo como forma de gobierno, no da para eso. Solo ha sido una aspiración retórica que devino en un totalitarismo perverso.

La URSS era primariamente una República constituida por dos adjetivos: socialista y soviética. Porque ni socialista ni soviética eran formas de gobierno. Solo servían para definir cierta particularidad de esa República. Como eso de República Bolivariana, que solo sirve como forma retórica para decir que la República está regida por el pensamiento bolivariano. Lo cual hunde a la República en una ambigüedad muy grande y atrasada.

Además, es en la tercera Constitución donde la República de Venezuela se hace democrática, en la dos primeras solo era República. En esa Constitución se funden las dos tendencias que habían, por un lado, los republicanos; por el otro, los demócratas. En verdad, prevaleció la tendencia militarista.

La Dictadura es una forma limitada de gobernar, instaurada la misma por el Senado Romano. La dictadura es una medida republicana. Una disposición que tomaba el Senado para otorgarle a cierta persona ciertos poderes para que resolviera una situación determinada, en un periodo de tiempo determinado. Cumplido este tiempo, el sujeto designado “Dictador” debía presentarse al Senado y rendir cuenta al mismo de su gestión.

Como toda palabra ha devenido en otra cosa. Que recuerde los presidentes en Venezuela, desde 1958 hasta el siglo XXI, apelaron a esta disposición y el Senado se las otorgó. Se llamaba “Plenos poderes” y con Chávez “Leyes habilitantes”, con este poder el Presidente de la República adquiría el estatus de dictador para solucionar un problema. Y luego rendían cuenta ante el Senado. Se seguía la institución romana.

Pérez Jiménez, tuvo el rango de dictador, pero fue porque había violentado el Estado de Derecho y había dado un Golpe de Estado. Todos los dictadores venezolanos han estado dentro de la forma de gobierno que es la República, ya que la dictadura no es una forma de gobierno. Han sido, por decirlo de alguna manera, dictaduras parlamentarias porque nunca abolieron el Senado; que era la institución política que elaboraba las leyes como corresponde a una República.

Cuando se habla de tiranía o tirano, que sí es una forma de gobierno, se usa el término con un significado despectivo y peyorativo. Incluso se usa para señalar a alguien como la hez de la tierra. Pero no como una forma propiamente de gobierno. Recordemos que la tiranía es la cara oscura o la contracara de la monarquía. Es la forma de gobierno de uno, ejercida ésta con ferocidad y de manera despiadada.

Los comunistas soviéticos inventaron el partido político y en él se refugiaron para cometer la patraña de que el partido era la voz del pueblo. Éste sirvió para someter y vigilar a la población; el partido era un organismo de represión junto a los otros organismos dedicados a esto. El Secretario General era, en verdad, el dictador; que ocupaba tal cargo hasta la muerte o hasta que era un ser mentalmente decrepito. Todavía hemos podido ver un par de ejemplos en la isla caribeña.

Hemos terminado por fusionar República y Democracia, que son formas de gobiernos distintas. Normalmente no distinguimos sus diferencias. Incluso las democracias nos parecen la forma de gobierno de la libertad, y olvidamos que en Europa hay varias Monarquías y nadie está preocupado ni teme por su libertad política. Las mismas son Monarquías parlamentarias.

La Democracia helénica se asemejaba más a “El Padrino” que a las actuales democracias, porque los “demos” eran familias potentadas, con tradición y abolengo. Sus miembros participaban en las Asambleas para decidir el destino de la Polis, nada que ver con lo que hoy día llamamos democracia. Las cuales se parecen más a la oclocracia, aunque eso sí solo en el acto de votar en masa.

Nuestras actuales democracias poseen adjetivos: representativas, participativas. Porque los Estados-Nación son muy grandes territorialmente como para que se dé algo semejante a lo que ocurría en Atenas. De allí, vienen las representaciones parlamentarias, sean diputados o senadores.

Se mienta la “Democradura” o “Democratura”, un régimen híbrido caracterizado por la combinación de elementos democráticos y autoritarios. Adopta la forma de democracia popular bajo la realidad de una dominación autoritaria. En ésta, el partido gobernante no cede el poder de forma voluntaria cuando carece del favoritismo del electorado. Es un régimen restrictivo, con constante abusos de los derechos humanos sobre aquellos que no están de acuerdo con los gobernantes. La persistencia del autoritarismo es uno de los rasgos definitorios de la democradura, para muestra un botón. Pero no devienen solo de gobiernos socialistas o comunistas, también devienen de gobiernos religiosos, raciales, étnicos, por ejemplo, en los actuales países que conformaron la antigua Yugoslavia.

Lo político es complejo y, por lo general, no es blanco o negro; sino que abarca todo el espectro cromático con toda la gama de grises incluidos. Por eso, hay que ser acuciosos con los fenómenos políticos.

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